miércoles, 1 de agosto de 2007

Conexiones Cósmicas

La conocí en circunstancias extrañas. Estaba empezando a enamorarse del Marinero, y él quería conmigo.

Así que en esa primera ocasión no me hizo muy buena cara, más bien se mostró un poco tosca. Sin embargo por insistencia de él, salimos los tres a beber y terminamos fumando y comiendo juntos. No sé que hay con el número 3, pero últimamente todo me sale de a trío. Las otras dos personas se conocen más, o tienen más intimidad y ahí me encuentro yo, pero para nada de tercera, sino como parte del todo.

En fin, luego otro día antes de que el Marinero regresara a su país me invitaron a la casa de ella, que vive arriba en una montaña, en una casa desnuda, sin alguna clase de verja o portón, donde el aire fluye por todo lado y los muebles están tan destartalados que mi corazón se sintió como en casa.

La tercera vez que la ví, él ya no estaba. Me invitó a comer ensalada y yo llevé vino y ceviche. Conocí la patineta y al perro. Ya conocía a los chicos, pocas veces he visto pequeños hombrecillos con tanta belleza y presencia como ellos. Hablamos horas, los cuatro. Otra vez me sentí conectada a ese lugar y a esa gente. No paraban de contarme historias, y yo de alucinar. Me fui porque ya no podía más con el cansancio, y ellos también se irían pronto de viaje.

Las mujeres del Marinero, parecen ser terriblemente interesantes para mí. Y yo que no quizé ser la suya, porque sé que lo conozco de algún lado, quizás de algún otro tiempo.

Y me lo imagino como mi Papá, estimulándome y enseñándome a gatear y a caminar, y a ver lo que hay en mí, para que pueda aprender a descubrir la verdadera vida.

Ojalá esté mejor, le extraño mucho, sobre todo cuando nos veíamos a los ojos y los dos llorábamos.

No hay comentarios.: