
Pasar por el Cerro de la Muerte siempre es absolutamente reconfortante para mi alma. Se me aquieta todo y caigo en un estado de asombro y contemplación. Por dejar atrás Cartago, la aventura de subir y bajar, y sentirse tan cerca de las nubes comienza.
Y aunque ésta vez lo atravesé entre la vigilia y el sueño, después de dormir solo 3 horas y saber que, al llegar al destino me esperaba un día de no parar, igual algo sentí por dentro, y esa sola sensación me cargó de energía para sobrevivir al calor y al trajín del Ebais de Pejibaye.
Es la cuarta gira de nuestra móvil odontológica, proyecto que comenzó hace ya algún tiempo, y que todavía no termina de echar alas. Sin embargo, cada experiencia es rica, trabajar en el campo es tan diferente a la burbuja citadina, cada personaje que se apuesta en nuestra silla, cada agradecimiento por llegar hasta su pueblo, donde a veces nadie se acuerda de que todos merecemos algún tipo de educación. Sudar todo el día bajo una mascarilla y conversar con el team…Y aunque la gente en su mayoría ande con el bolsillo muy limitado, saber que debes venderle la idea de que su salud vale más que otra cosa, y convencerles de gastar lo poco que tienen en una boca más saludable.
Compartir con gente humilde, con señoras que tienen 10 hijos y aparentan 20 años más de los que tienen, con muchachos que a sus 30 años han perdido la mitad de sus dientes y con apacibles damas que a los 45 llevan puesta una chapa de dientes hace 20. Saber que las cosas siempre pueden mejorar y tener la certeza de que hay tanto por hacer, amar cada momento y tener la fé de que la gente va a entender. No querer ser nadie más ni estar en ningún otro lado…
1 comentario:
Uf, leo esto y no veo el momento donde me gradúe y pueda ir a colaborar por allá.
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