Que cuando conocí a través del papel a Eva, la del libro que ya me ha sacado unas cuantas lágrimas, que cuenta y habla de sus yoes internos, de
Esa huésped que se ha asentado en lo profundo de tus vísceras, y más allá, que duerme y despierta cuando le da la gana. Esa cual actividad favorita es la de boicotear. Que cree que nada es posible, que ensombrece a la otra en favor de sus propósitos siempre predecibles. Esa que vive engañada, porque vive en una ilusión, creyéndose lo que escuchó y lo que le dijeron hace mil años. Esa que no quiere mermarle a su afición por desvalorizarlo todo, especialmente a ella misma, como si realmente valiera menos que los demás, como si pudiera menos, como si sus capacidades intelectuales, emocionales, o sexuales fueran menores que las de la loca de la esquina o de la niña pipi que maneja un auto carísimo en medio de una ciudad en plena decadencia.
Esa que cuando es observada hace pataletas y da brincos de rabia, porque le encantaría permanecer oculta y ajena, como si no fuése la responsable de nada de lo que ocurre.
Pero a pesar de todo eso, uno no es como los demás creen, nisiquiera como uno mismo cree, porque en realidad, uno no es como una escritura de notario precisa y tajantemente construida. Sino, más bien como un caleidoscopio, que cambia siempre de forma según quién y de donde se le mire, aunque por dentro este compuesto de los mismos elementos agrupados.
1. Tomado del libro Un Milagro en Equilibrio de Lucía Etxebarria.
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