Siempre estuve segura de que el SI iba a ganar. Igual que en las pasadas elecciones, por un margen estrechísimo, pero seguro. Igual que como iba a votar, fué una decisión de siempre, a pesar de todos los correos, los mensajes y el miedo y el bombardeo que sufrimos en los últimos tiempos los ticos.
Ambas cosas, las sabía más por una cuestión de instinto, que nunca me hicieron dudar que una vez más estaría en el bando de los perdedores. Cuando tenía el lápicero en mis manos ayer, y en frente de mí ese sencillo y significativo papel, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, y cruzé el umbral de esa puerta conmovida y casi feliz. Orgullosísima de lo que acaba de hacer.
Este SI y NO en verdad representan tanto y mucho más allá que un complejo TLC. Son dos filosofías de vida antagónicas y parece que incompatibles. Dice tanto de la gente, y aunque no creo en blancos o negros, casi que me atrevería a decir que se podría utilizar como un acertado marco de referencia que ciertamente revela matices de cada quien.
Pero igual, aunque uno vea la vida tan diferente a la mayoría de las personas con las que se relaciona, o con quienes ha salido o intentado algo o con quien trabajas o duerme a tu lado, al final, la cuestión es de respeto y tolerancia. De aceptación y de lucha pacífica.
Hay que saber ser un buen perdedor, contento y tranquilo porque de verdad, creíste que estabas haciendo lo mejor, con el corazón.
"La dificultad es una fuente insuperable de lucha, fortaleza y salud para una comunidad. La mía nunca hubiera sobrevivido, de haber contado únicamente con los placeres. Esa es mi mayor convicción." Einstein
lunes, 8 de octubre de 2007
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