Existe la posibilidad de que alquilemos una cabaña cerca de mi trabajo. En una propiedad grande con mucho espacio verde y varios tipos de árboles frutales. Hay nísperos, aguacate, limón, etc.
La semana pasada nos fuimos 5 días a Limón. Primero pasamos en Puerto Viejo 2 noches. Llegamos muertas en la noche del Jueves, después de un largo camino, acompañado de presas interminables cerca de Pocora, ya que había una huelga porque los responsables de una piñera cercana siguen lanzando químicos prohibidos al río, alterando la salud de los pobladores cercanos. Aprovechamos para conocer y visitar a una tía y primos que son parte de la familia perdida y recién conocida de Gi. Y que viven en una finca en Guácimo.
Esa noche descansamos profundamente y empezamos mi día favorito del año hasta ahora: alquilamos un par de Bananas (bici para terreno plano, típica de la zona) nunca había conducido una. Es genial, es una sensación deliciosa. Sentía mucha felicidad. De camino encontramos una tienda de alucinantes lámparas de papel, de diferentes formas y colores, vimos heliconias llenas de magia y llegamos hasta Punta Uva. Caminando por la playa, al final de ella, me encontré una hamaca sostenida de la rama de un árbol y me lanzé al aire como queriendo alcanzar el mar.
En la tarde tomamos las bicis en rumbo opuesto, hacia el town, old harbour. Recorrimos las callecillas explorando desde afuera bares, restaurantes y parches de artesanos. Terminamos el día con unos rollitos de primavera que Gi soñaba con comer desde hacía tiempo...y donde atendían meseras de múltiples países.
El sábado nos movíamos in-land, hacia la selva. De camino, habían millones de cadáveres de cangrejos sobre la carretera, tienen que cruzar la calle para llegar de vuelta a la playa y muchos mueren atropellados, es como una plaga, es increíble todo el fenómeno que se da, y el olor que queda.
Una vez que se llega al Pueblo de Bananito, se empieza a subir por las bananeras, siempre al lado del río del mismo nombre. El Lodge al que íbamos es un albergue en medio de una finca de más de 2000 hectáreas, ochocientas de las cuales son protegidas y forman como un anexo o un codo del gigantesco Parque Nacional La Amistad. La finca pertenece a una misma familia, el padre se encarga de la parte de agricultura y ganado, el hijo, Jurgen, es el creador de la idea de conservación a través de eco-turismo o turismo sostenible y se apoya en su hermana, que es la presidenta ejecutiva y fundadora de la fundación Conselvatur.
Ya en el Lodge, en Selva Bananito, se disfruta la mejor vista al bosque tropical húmedo que se puede tener, al menos desde la terraza de nuestra habitación. Por la noche un espéctaculo de luciernágas hace que todo parezca subreal y en la madrugada uno despierta con el canto de muchos diferentes pájaros, que parecieran ponerse de acuerdo para hacer una oda a la vida.
No paramos nunca, era un viaje de inspección y Jurgen quería que experimentáramos cada una de las actividades que ofrecen, hicimos una cabalgata, con visita al jardín de heliconias. Una caminata de todo el día, río arriba, hasta una catarata en la que hicimos rapel. Había un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad de Iowa State, así que además nos unimos a las charlas sobre conservación que se dieron para ellos. Hicimos tree-climbing y canopy. Los guías son excelentes. La comida es casera, sencilla y muy sabrosa.
Un lugar para encontrarse de frente con lo que ES. Y tener una experiencia salvaje y vibrante